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“…habían sido traídos bajo promesa de buena fe pero terminaron trabajando bajo un régimen de servidumbre en un taller ubicado en el barrio de Flores, que trabaja para la firma Kosiuko. Oscar Mamani y Concepción Pajarita Marca, los dos costureros, relataron que habían trabajado durante un año en el taller ubicado en Crisóstomo Alvarez al 3900, donde cumplían un horario de 7 a 22 y dormían o descansaban el resto de las horas en un cuartito que ellos mismos construyeron en ese lugar. Dijeron haber cobrado entre 600 y 900 pesos mensuales, que sólo podían salir de allí después del sábado al mediodía y el domingo, y denunciaron que los echaron sin pagarles ninguna indemnización. La pareja quería volver a Bolivia, donde quedaron sus hijos, y no tenía medios para regresar…”

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