Aunque no tenga permiso

Era mi canción preferida de aquel casete que mamá gastaba y gastaba en la casa de Haedo, ese de los Zupay, ese que también traía Sinceramente tuyo y Ojalá y Como si fuese la primavera, el que ella ponía todos los días mientras limpiaba o cocinaba, mientras lloraba al abuelo, a la abuela, a los tíos, hace ya más de veinte años.
Era una de amor, pero además ahí había otra cosa: había justicia y gente que no pedía permiso para ser feliz, en la calle, con su llanto por el mundo, cómplices, muchos, libres en su paraíso.
Después supe que era uno de sus poemas y supe de su obra y de su exilio y de su compromiso. Y hoy, con la noticia de que Mario Benedetti ha muerto, busqué ese disco de Zupay en Internet y -vaya uno a saber cómo- logré bajarlo y volví a escuchar esas canciones. Había otras, maravillosas, como Cuando tu no estás y Qué he sacado con quererte y Para vivir. Pero Te quiero sigue siendo mi preferida, como lo fue entonces, allá en Haedo, con mamá y sus lágrimas, en la cocina de aquella casa.

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