mones cazón . poema cuatro . el hueco de los regalos

Salimos con Vale

en fila india

por el camino que va

desde la parte de atrás

de la casa

hasta el gallinero

en el fondo del campo.

Un piecito delante del otro

para esquivar los canteros

delineados con piedras

redondas y lisas.

Vamos atentas

a que las ramas

de lija de la higuera

no nos rocen

y a no despegar

ni un cachito

el revoque del muro

que igual después

se caerá solo.

Mamá

cuando era chiquita

en otro diciembre

hacía ese recorrido

sin temor a que nada

se cayese

para disfrazar la higuera

de árbol navideño

con enormes duraznos

envueltos en celofán.

Los duraznos

emitían una luz

que de tan ámbar

suavizaba cada cosa.

Tan brillante era

esa luz

que cegaba

el hueco de los regalos.

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