EL LADRILLO CALIENTE

EL LADRILLO CALIENTE

Tan quietas como las estatuas
del uno dos tres
cigarrillo cuarenta y tres
nos quedamos con mi hermana
muertas de frío.
En la cama grande
que nos ceden las primas
las sábanas están heladas
hasta que llega mamá
con el ladrillo caliente
y los piecitos congelados
se van entibiando.
Hay que arrimársele con cuidado:
la superficie porosa
del ladrillo quema.
Apenas hay que acercar la piel
al envoltorio de lana
al fueguito que la piedra irradia.
Nunca preguntábamos
de dónde eran
esos bloques radiantes
y si solo a la noche
se encendían.
Bastaba con que mamá
los trajera y después
quedarnos de a poquito
dormidas con esa tibieza
mientras ella se volvía
al cuchicheo lejano
de los adultos.

Un comentario sobre “EL LADRILLO CALIENTE

  1. Que Recuerdo tan hermoso, yo también me acuerdo de los ladrillos calentitos en la cama, que ponía Susana para todos, ¡Que hermosos tiempos!, muy pocos tuvieron la suerte de vivirlos.- Papá Osvaldo Daniel

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