Porque antes de ponerse a escribir tienen una montaña de otras tareas para resolver

“¿Por qué cuando se piensa en la historia de la literatura argentina en general, las mujeres son las más olvidadas, las “desaparecidas” de esa historia? Ojeda, autora de Falso contacto (2012) y Mosca blanca mosca muerta (2017), entre otros títulos, dice que para responder la pregunta hay que plantear otra: “¿por qué la media etaria de las mujeres escritoras que logran publicar y obtienen cierto reconocimiento suele ser mucho más alta –el doble, el triple– que la de los hombres? Porque antes de ponerse a escribir tienen una montaña de otras tareas para resolver, entre ellas la maternidad, el cuidado de adultos mayores, las tareas del hogar, el trabajo ganapán. Y esto es hoy. Imaginemos lo que era tener aspiraciones literarias hace un siglo, o dos. Son las más olvidadas porque el canon está construido desde una mirada masculina, que no se interesa por leer lo que produce el significante social mujer”.”

Néspolo, autora de poemarios como Papeles cautivos (2002), las novelas El pozo y las ruinas (2011) y Episodios de cacería (2015), entre otros títulos, objeta el uso de la palabra “desaparecidos” porque “está demasiado cargada en nuestro pasado político reciente para transpolarla sin más a una problemática de género, que atraviesa en rigor toda la historia de Occidente”. “Es curioso observar cómo sí ha habido mujeres a las que, bajo el manto de la excepcionalidad, se les ha permitido subir al podio junto a los hombres: Eduarda Mansilla, Norah Lange, Victoria Ocampo. Es como si dentro de formaciones netamente homosociales cada tanto hubieran debido permitir que alguna mujer se filtrara, solo a condición de que esta aportara lo suyo a la estabilidad del sistema: ya sea con su fortuna, en el caso de Victoria –mecenas de Sur–, con su belleza en el caso de Norah –musa de la vanguardia martinfierrista–, o aportando su cuerpo, su apellido patricio y su letra en el caso de Eduarda, vector clave a la hora de pensar el fin de las guerras intestinas entre unitarios y federales y la construcción del Estado-nación argentino”, reflexiona Néspolo.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/103038-herramientas-para-repensar-el-canon

 

 

 

El candidato . The Applicant . Sylvia Plath

El candidato

Empecemos, ¿cumple usted

con nuestros requisitos? ¿Usa

ojo de vidrio, diente postizo, muleta

o bastón? ¿Lleva garfio, prótesis

en la entrepierna, en el pecho?

 

¿Suturas, señales de algo que falta? ¿No?

¿Cómo que no? ¿Qué podríamos darle, entonces?

Deje de llorar.

Abra esa mano.

¿Cómo vacía? Vacía. Aquí tiene esta mano

 

para colmar la suya y traerle

tacitas de té, ahuyentar su dolor de cabeza,

hacer lo que le ordene.

¿Se casaría con ella?

Está más que dispuesta

 

a bajarle los párpados cuando llegue el final,

a disolverse en la pena.

Y con la sal, empieza de nuevo.

¡Pero usted está desnudo!

¿Qué le parece este traje? Es oscuro

 

y rígido, pero le quedaría muy bien.

¿Se casaría con él?

No se moja, no se rompe, no hay llama

que lo queme, ni bomba que lo destruya.

Lo vestirá hasta en la tumba.

 

Perdóneme que le diga, pero usted tiene

la cabeza vacía. Yo tengo la solución.

Mi amor, salí de tu escondite.

¿Y este primor, qué le parece?

Ahora en blanco , como un papel,

 

en veinticinco años, será de plata

y de oro en cincuenta.

Muñeca viva, hará lo que le pida.

Sabe coser, bordar, cocinar,

y sabe hablar, hablar sin parar.

 

No tema, es un buen artefacto.

Bálsamo para su herida y,

para su mirada, espectáculo.

Querido mío, qué otra opción le queda.

Cásese, cásese, cásese con ella.

estaban riquísimas . this is just to say

ciruelas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es solo para decirte

 

que me comí

las ciruelas

que había en

la heladera

 

quizá

te las guardabas

para el

desayuno

 

Perdón

estaban riquísimas

tan dulces

y tan frías

*

Versión mía y de Osvaldo Fernández
del famoso y muy traducido poema “This is Just to Say”
de William Carlos Williams.

Seguramente se parece a las demás versiones,
sobre todo a las argentinas, en rioplatense,
nuestra habla, donde las neveras son heladeras.
Sin duda está en ella nuestro lenguaje compartido,
lo que pasa en casa cuando termina el verano
y empieza el otoño.
Lo tradujimos desde nuestro amor por las ciruelas,
desde nuestros diálogos (decimos, efectivamente,
qué dulces, qué riquísimas, incluso, qué sabrosas),
desde nuestra competencia por las gotitas de miel,
que yo confundo y llamo, empalagosamente,
rocío de miel..

*

A la foto la saqué con el celular
cuando el bol todavía estaba repleto
de ciruelas gotita de miel
en nuestra heladera.

 

 

Gustavo Gottfried . Y acá estoy yo

Genealogía

Cuando se conocieron
tenían más de 30 años
así que antes de mi padre
la bella Esther había tenido
varios pretendientes.

Al libro con las obras de Oscar Wilde
ese de tapas de cuero y hojas de papel de arroz
se lo había regalado uno de ellos. Era ingeniero
rubio, alto, buen mozo, delicado y culto.

Así que todo andaba de maravillas
hasta que el incauto decidió hablar
de sus orígenes: se sentía más alemán
que judío. Fue en ese instante
que mi madre se dijo a sí misma:

“no todo lo que brilla es oro”
y ante la atónita mirada del muchacho
comunicó la decisión de interrumpir
el vínculo de inmediato. Declinó
también la intención caballeresca
de escoltarla hasta su casa.

Y acá estoy yo: a veces soy mi padre
otras, mi madre y de a ratos, también
un alemán orgulloso
que espera otra oportunidad.

*

De La austeridad es la divisa de mi familia, mágicas naranjas, Buenos Aires, 2017.

Hugo Padeletti (1928-2018)

 

Uno escribe poemas

porque está vivo. No se puede
enfriar el Ecuador y calentar
la Antártida; se puede

templar la voz. Las evasivas
palabras
se avienen al pautado molinete

del tiempo. Sin ponerse
fuera de sí – corpóreas,
consteladas –

son éxtasis. Leudante
es el sesgo innombrable
que se refracta: lo no dicho

produce clima, al pensamiento
le brotan yemas, un acento
de lenta languidez

de pronto es instrumento
de rebato. ¡Oh falacia
de ser ajeno, exiguo, vieja muda

que asfixia: la evidencia
despierta te descarta! ¿No es el arte
[la poesía, ¿no?]
del plantío en la lluvia, su primicia

de verde dicha? Fugitivos
brillantes en las ramas, alegría
sin yo, toda sumida

en el objeto. Instante,
revelación. ¿De qué?
No hay sujeto

que lo predique. Meta
del anzuelo en el agua
es presentarlo: a veces,

eso pica.

 

*

Parte de la inolvidable lectura de Hugo Padeletti el viernes 20 de noviembre de 2015 en el ciclo Poesía en la Terraza #10, Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

 

Paula Irupé Salmoiraghi . que no se me note el alma de piedra

 

Yo estoy allá

Me miro y me doy pena:
sentadita allá en mi infancia triste.

 

 

Querida poesía:

Caé sobre mí gota a gota
horadame
haceme porosa
que no se me note
el alma de piedra.

 

 

Toque

Me tocaste.

Y mi cuerpo de acero
se acordó de ser arcilla.

 

 

Underworld cotidiano

¿Vieron Underworld
la película
de hombres lobos
y vampiros?

¿Se acuerdan de la parte
en la que el héroe enamorado
tira baldes de pintura negra
contra los ventanales del galpón
porque amanece y su vampira
debe ocultarse del sol?

Siempre fue para mí
la perfecta
escena de amor.
Pienso en ella
cuando Gustavo
mata mosquitos a los golpes
contra la pared de mi pieza
mientras yo
semidormida
le señalo:
allá hay otro.
Y él aplaude en el aire y me pregunta:
¿Lo maté?, mostrándome
las manos
abiertas.

 

*

Estos poemas de Paula Irupé Salmoiraghi son de su libro El cajón de las manzanas podridas (Baltasara Editora, Rosario, 2016).

Los leímos en el taller de la semana pasada con las chicas del Frida: hablamos de cómo un poema puede ser breve y lírico-poderoso, o largo y narrativo-rítmico, de lo certeros y bellos que son estos textos. Y de la verdad dislocada de la poesía: nos quedamos convencidas de que la “perfecta escena de amor” no es tanto la de la peli, sino la de Gustavo y ella, una escena tan feliz que el aplauso nos sonó más a risa, a risa compartida, que a aplauso.