Spring Day [Bath] . Amy Lowell . Voy a quedarme un rato recostada acá

El día empieza limpio y claro, y hay en el aire un aroma a tulipanes y a narcisos.
El sol se derrama por la ventana del baño y recorta en el agua de la bañera
prismas y planos verdes y blancos. Hace que el agua se abra en rayos como una joya, la vuelve luz brillante.
Sobre la superficie del agua, bailan y bailan unos puntos de sol, su reflejo se ondula con delicia en el cielorraso; con un giro del dedo, los pongo a dar vueltas, a zumbar. Muevo un pie, y en el agua se agitan los planos de luz. Me recuesto y me río, y dejo que el agua verde y blanca, el agua esmeralda, colmada de sol, fluya sobre mí. El día es casi demasiado brillante, el agua verde me resguarda del tantísimo brillo. Voy a quedarme un rato recostada acá, a jugar con el agua y los puntos del sol.
El cielo está azul y alto. Afuera, junto a la ventana, aletea un cuervo, y hay en el aire un perfume a tulipanes y a narcisos.

*

“Baño” es el primero de los cinco poemas en prosa que componen la serie “Día de primavera”, incluida en el tercer libro de Amy Lowell, Men, Women and Ghosts (1916). La serie original completa, aquí.

*

Leí esta versión en la lectura de primavera del hermoso ciclo El Bosque Sutil, hace algunas semanas, con los ojos al sol, el día casi demasiado brillante.

Porque antes de ponerse a escribir tienen una montaña de otras tareas para resolver

“¿Por qué cuando se piensa en la historia de la literatura argentina en general, las mujeres son las más olvidadas, las “desaparecidas” de esa historia? Ojeda, autora de Falso contacto (2012) y Mosca blanca mosca muerta (2017), entre otros títulos, dice que para responder la pregunta hay que plantear otra: “¿por qué la media etaria de las mujeres escritoras que logran publicar y obtienen cierto reconocimiento suele ser mucho más alta –el doble, el triple– que la de los hombres? Porque antes de ponerse a escribir tienen una montaña de otras tareas para resolver, entre ellas la maternidad, el cuidado de adultos mayores, las tareas del hogar, el trabajo ganapán. Y esto es hoy. Imaginemos lo que era tener aspiraciones literarias hace un siglo, o dos. Son las más olvidadas porque el canon está construido desde una mirada masculina, que no se interesa por leer lo que produce el significante social mujer”.”

Néspolo, autora de poemarios como Papeles cautivos (2002), las novelas El pozo y las ruinas (2011) y Episodios de cacería (2015), entre otros títulos, objeta el uso de la palabra “desaparecidos” porque “está demasiado cargada en nuestro pasado político reciente para transpolarla sin más a una problemática de género, que atraviesa en rigor toda la historia de Occidente”. “Es curioso observar cómo sí ha habido mujeres a las que, bajo el manto de la excepcionalidad, se les ha permitido subir al podio junto a los hombres: Eduarda Mansilla, Norah Lange, Victoria Ocampo. Es como si dentro de formaciones netamente homosociales cada tanto hubieran debido permitir que alguna mujer se filtrara, solo a condición de que esta aportara lo suyo a la estabilidad del sistema: ya sea con su fortuna, en el caso de Victoria –mecenas de Sur–, con su belleza en el caso de Norah –musa de la vanguardia martinfierrista–, o aportando su cuerpo, su apellido patricio y su letra en el caso de Eduarda, vector clave a la hora de pensar el fin de las guerras intestinas entre unitarios y federales y la construcción del Estado-nación argentino”, reflexiona Néspolo.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/103038-herramientas-para-repensar-el-canon

 

 

 

El candidato . The Applicant . Sylvia Plath

El candidato

Empecemos, ¿cumple usted

con nuestros requisitos? ¿Usa

ojo de vidrio, diente postizo, muleta

o bastón? ¿Lleva garfio, prótesis

en la entrepierna, en el pecho?

 

¿Suturas, señales de algo que falta? ¿No?

¿Cómo que no? ¿Qué podríamos darle, entonces?

Deje de llorar.

Abra esa mano.

¿Cómo vacía? Vacía. Aquí tiene esta mano

 

para colmar la suya y traerle

tacitas de té, ahuyentar su dolor de cabeza,

hacer lo que le ordene.

¿Se casaría con ella?

Está más que dispuesta

 

a bajarle los párpados cuando llegue el final,

a disolverse en la pena.

Y con la sal, empieza de nuevo.

¡Pero usted está desnudo!

¿Qué le parece este traje? Es oscuro

 

y rígido, pero le quedaría muy bien.

¿Se casaría con él?

No se moja, no se rompe, no hay llama

que lo queme, ni bomba que lo destruya.

Lo vestirá hasta en la tumba.

 

Perdóneme que le diga, pero usted tiene

la cabeza vacía. Yo tengo la solución.

Mi amor, salí de tu escondite.

¿Y este primor, qué le parece?

Ahora en blanco , como un papel,

 

en veinticinco años, será de plata

y de oro en cincuenta.

Muñeca viva, hará lo que le pida.

Sabe coser, bordar, cocinar,

y sabe hablar, hablar sin parar.

 

No tema, es un buen artefacto.

Bálsamo para su herida y,

para su mirada, espectáculo.

Querido mío, qué otra opción le queda.

Cásese, cásese, cásese con ella.

estaban riquísimas . this is just to say

ciruelas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es solo para decirte

 

que me comí

las ciruelas

que había en

la heladera

 

quizá

te las guardabas

para el

desayuno

 

Perdón

estaban riquísimas

tan dulces

y tan frías

*

Versión mía y de Osvaldo Fernández
del famoso y muy traducido poema “This is Just to Say”
de William Carlos Williams.

Seguramente se parece a las demás versiones,
sobre todo a las argentinas, en rioplatense,
nuestra habla, donde las neveras son heladeras.
Sin duda está en ella nuestro lenguaje compartido,
lo que pasa en casa cuando termina el verano
y empieza el otoño.
Lo tradujimos desde nuestro amor por las ciruelas,
desde nuestros diálogos (decimos, efectivamente,
qué dulces, qué riquísimas, incluso, qué sabrosas),
desde nuestra competencia por las gotitas de miel,
que yo confundo y llamo, empalagosamente,
rocío de miel..

*

A la foto la saqué con el celular
cuando el bol todavía estaba repleto
de ciruelas gotita de miel
en nuestra heladera.

 

 

Gustavo Gottfried . Y acá estoy yo

Genealogía

Cuando se conocieron
tenían más de 30 años
así que antes de mi padre
la bella Esther había tenido
varios pretendientes.

Al libro con las obras de Oscar Wilde
ese de tapas de cuero y hojas de papel de arroz
se lo había regalado uno de ellos. Era ingeniero
rubio, alto, buen mozo, delicado y culto.

Así que todo andaba de maravillas
hasta que el incauto decidió hablar
de sus orígenes: se sentía más alemán
que judío. Fue en ese instante
que mi madre se dijo a sí misma:

“no todo lo que brilla es oro”
y ante la atónita mirada del muchacho
comunicó la decisión de interrumpir
el vínculo de inmediato. Declinó
también la intención caballeresca
de escoltarla hasta su casa.

Y acá estoy yo: a veces soy mi padre
otras, mi madre y de a ratos, también
un alemán orgulloso
que espera otra oportunidad.

*

De La austeridad es la divisa de mi familia, mágicas naranjas, Buenos Aires, 2017.

Hugo Padeletti (1928-2018)

 

Uno escribe poemas

porque está vivo. No se puede
enfriar el Ecuador y calentar
la Antártida; se puede

templar la voz. Las evasivas
palabras
se avienen al pautado molinete

del tiempo. Sin ponerse
fuera de sí – corpóreas,
consteladas –

son éxtasis. Leudante
es el sesgo innombrable
que se refracta: lo no dicho

produce clima, al pensamiento
le brotan yemas, un acento
de lenta languidez

de pronto es instrumento
de rebato. ¡Oh falacia
de ser ajeno, exiguo, vieja muda

que asfixia: la evidencia
despierta te descarta! ¿No es el arte
[la poesía, ¿no?]
del plantío en la lluvia, su primicia

de verde dicha? Fugitivos
brillantes en las ramas, alegría
sin yo, toda sumida

en el objeto. Instante,
revelación. ¿De qué?
No hay sujeto

que lo predique. Meta
del anzuelo en el agua
es presentarlo: a veces,

eso pica.

 

*

Parte de la inolvidable lectura de Hugo Padeletti el viernes 20 de noviembre de 2015 en el ciclo Poesía en la Terraza #10, Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.