le soleil de louise bourgeois . la dicha amarilla después de la canción del sol de muriel rukeyser

A horas del año nuevo, vuelvo a reunir, 
como hice a fines de 2012, 
a la artista plástica y escultora Louise Bourgeois 
y a la poeta Muriel Rukeyser, 
esta vez con el sol como motivo. 
Antes fueron los espirales, 
tan recurrentes en la obra de ambas, 
y tan fuertes para mí por su poder de retorno, 
no de lo mismo, sino de un versión más elevada, 
que absorbe lo anterior y asciende. 
Hoy, de Bourgeois, elijo Le Soleil, 
un hermoso grabado, con un sol-ojo ascendente 
que te mira directo y sube 
en un movimiento que no podía ser más que espiralado.
De Rukeyser, traduzco la última estrofa de su poema 
"Tiempo de lectura: 1 minuto 26 segundos",
que puede leerse entero aquí. 
Como verán, los espirales tampoco dejan de estar 
en el ritmo acompasado, y están también 
la verdad del ojo de la poesía, y el sol. 
Un sol que es dicha después del poema. 

Que el 2013 venga con mucho sol y con mucha dicha, 
que nos encuentre creando y ascendiendo.

the sun louise b
They fear it. They turn away, hand up, palm out
fending off moment of proof, the straight look, poem.
The prolonged wound-consciousness after the bullet's shot.
The prolonged love after the look is dead,
the yellow joy after the song of the sun.

Le tienen miedo. Se alejan, levantan la mano, 
palma hacia afuera, rechazan el momento de la verdad, 
que te mire a los ojos, el poema.
La conciencia prolongada de la herida 
después del impacto de la bala. 
El amor prolongado después de la muerte de la mirada, 
la dicha amarilla después de la canción del sol.

la vida boba

¿Cómo pensar una experiencia estética cuyo horizonte no quede reducido a la reproducción del mundo (de la publicidad y las marcas) ni su politización a marchitas dinámicas de adhesión o compromiso? ¿Cómo tejer una experiencia estética que permita gambetear la vida boba, el repliegue sobre la pequeña tribu, la gestión -siempre al borde el naufragio- de la vida individual? ¿Es posible que prácticas antes contenidas en el campo del arte sean reorientadas a contener la guerra de modos de vida que caracteriza nuestra existencia urbana contemporánea? ¿Con qué imágenes de politización puede uno toparse en ese territorio?

“La función central y constitutiva de las prácticas artísticas no consiste tanto en contar historias como en crear dispositivos en los que la historia pueda hacerse”, formulaba el esquizoanalítico Félix Guattari en un texto olvidado. Sospechamos cierto valor de la experiencia estético-artística como soporte y motor de estos dispositivos por los que transcurre la historia, dispositivos productores de mundos, de sentido, de subjetividad (de la fábrica de presente a la producción de posibles). La experiencia estética aparece así como un espacio de exploración de las potencias y límites de la vida en común en un momento determinado. Porque ésta puede volverse –e incluso debería, en condiciones en las que la aceleración y mediatización de la existencia tiende a bloquear y automatizar los afectos, el deseo y la facultad de expresión– una apuesta a la reactivación de la sensibilidad, al encuentro con la corporeidad del mundo y a la capacidad de apertura a lo indeterminado como condición de constitución de lo público.

Y este hacerse de la historia no es un nunca un devenir individual y determinado. Gran parte de la potencia de estas dinámicas estéticas, intuimos, reside en el desplazamiento de la figura del autor (soberano del texto y del presente que fabrica) y en la gestación de prácticas de producción híbridas, ambiguas, anónimas (escribir para poder ser anónimo: lo otro exacto del mundo de las luminarias artísticas, televisivas, académicas, tenaces gestores de su propia y, en general, escasa luz). Dinámicas colectivas no reducibles a un yo y una conciencia personal. Dinámicas colaborativas que desdibujan los lugares en juego y los límites de la obra (en las que ya no es evidente la existencia de un público o un auditorio, como un afuera de lo producido o provocado), evidenciando la cooperación como fundamento de un presente en el que los medios de producción pasan por nuestras manos y nuestros cerebros. Dinámicas posautónomas que se desarrollan sin basar su legitimidad en marcos de autoridad indiscutidos que las organice y las valore, cuando buena parte de las categorías que permitían mesurar el valor de una obra y se revelan anacrónicas e inútiles.

Fuente http://www.revistacrisis.com.ar/Estetica-y-politica-en-tiempos-de.html?var_mode=calcul

our whole life proceeds in spirals

This spiral lies at that very point where inanimate matter is transformed into life.

I am convinced that the act of creation took place in form of a spiral. Our whole life proceeds in spirals.

Our earth describes a spiral course. We move in circles, but we never come back to the same point. The circle is not closed. We only pass the same neighbourhood many times. It is characteristic of a spiral that it seems to be a circle but is not closed.

The true spiral is not geometric but vegetative. It has swellings, becomes thinner and thicker and flows around obstacles who are in her way.

The spiral shows life and death in both directions. Starting from the center, the infinite small, the spiral means birth and growth, but by getting bigger and bigger the spiral dilutes into the infinite space and dies off like waves who disappear in the calm waters.

On the contrary if the spiral condenses from outer space life starts from the infinite big, the spiral becomes more and more powerful and concentrates into the infinitely small which cannot be measured by man because it is beyond our conception and we call it death.

The spiral grows and dies like a plant – the lines of the spiral, like a meandering river, follow the laws of growth of a plant. It takes its own course and goes along with it. In this way the spiral makes no mistakes.

Friedensreich Hundertwasser

Fuente: http://www.hundertwasser.at/english/oeuvre/painting_thespiral.php

saber hacer el vacío de las palabras

La amistad no guarda silencio, más bien es guardada por el silencio. Desde el momento en que la amistad se habla, se invierte. Dice entonces, diciéndoselo, que no hay amigos, se confiesa confesándoselo. Dice la verdad -siempre aquello que más vale no saber-. La protección de esta guardia asegura la verdad de la amistad, su verdad ambigua, aquella mediante la que los amigos se protegen del error o de la ilusión que fundan la amistad, más concretamente, sobre el fondo sin fondo de los cuales se funda una amistad para resistir a su propio abismo. Al vértigo o a la revolución que la haría girar en torno a ella misma. La amistad se funda en verdad para protegerse del fondo o del sin-fondo abismal.

Y he aquí por qué más vale que se guarde en silencio, y que guarde silencio sobre la verdad. Sobre el abismo, sobre el suelo incierto de nuestras amistades: «¡Qué inseguro es el terreno sobre el que reposan todas nuestras relaciones y amistades […] qué aislado está todo hombre!», esto es lo que te dirás en la experiencia de los «malentendidos», de las «separaciones», de las «huidas hostiles».

Entonces, más vale callarse sobre esta verdad de la verdad. La verdad de la verdad es que ella está ahí para proteger una amistad que no resistiría la verdad de su ilusión.

Nietzsche adopta el tono místico cuando propone preceptos o sentencias aforísticos a propósito de un silencio que nombra entonces en latín, Silentium. Ascesis, kénosis, saber hacer el vacío de las palabras para dejar respirar la amistad. Y de nuevo ahí, Nietzsche piensa el silencio a partir de la amistad, como si no pudiese hablarse del silencio mismo, hablar el silencio, a no ser en la amistad, por medio de la amistad.

La palabra arruina la amistad, corrompe hablando, degrada, denigra, des-habla (traiciona con palabras) la amistad pero le hace ese daño a causa de la verdad. Si hay que callarse entre amigos, a propósito de los amigos, es también para no decir la verdad, una verdad mortífera. Silentium.

Fragmentos de Políticas de la amistad, de Jacques Derrida


blade runner – la creación de una nueva escena

“Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana, se salvan. Apasionados y amorosos, parten juntos y la película termina.

Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventamos otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas. ¿Otro mito?

Un más allá de los ulises y de las penélopes: un amor no demasiado humano. Montajes desintoxicados del vicio de reducción del deseo de mundo a un objeto-persona o una persona-objeto.

Pero también un más allá de las máquinas célibes, esa otra cara del hombre: un amor no tan demasiado deshumano. Montajes desintoxicados del vicio de proliferación de mundos, objetos de deseo -proliferación tan desenfrenada que no hay ni más mundo, ni deseo.

Nos quedamos imaginando un más allá del hombre (humano y/o deshumano) donde los campos de intimidad se instauren. Territorios-refugio. Una cierta inocencia.

Un más allá del espejo, donde el otro no sea ya aquel que delinea nuestro contorno (ulises / penélope) ni un paisaje fugaz en el que, como las máquinas célibes, no creemos cosa alguna.

Un más allá del espejo donde nuestro viaje no sea ya aquel agarrado a un ulises, ni aquel otro de las máquinas célibes (desgarrado). Viaje solitario: una soledad poblada por los encuentros con lo irreductiblemente otro.

¿Pero cómo sería ese viaje? De él sabemos apenas dos o tres cosas. La primera es que sólo se hace si preservamos lo conquistado por las máquinas célibes -tener autonomía de vuelo, un vuelo donde el encuentro con lo irreductiblemente otro nos desterritorialice; ser pura intensidad de ese encuentro. La segunda es que, si eso es necesario, no es suficiente: al mismo tiempo que se da la desterritorialización, es preciso que, a lo largo de los encuentros, se construyan territorios. (Máquinas célibes, lo que no sabíamos es que sin territorio alguno, la vida, desarticulada, mengua). Y nos empeñamos en la creación de esta nueva escena.”

Fragmento del texto ¿Una nueva suavidad? de Suely Rolnik