saben y mienten

dice que no sabe
que ellos no fueron
situación dice
cuando debería decir
represión
pero en su tono
en su modo
en los ojos opacos
ahí en lo que no dice
se le escapa
la verdad
.
sabe y calla
como antes sabían
y callaron
decimos aparición 
porque no puede ser
lo otro
en nuestras bocas
no tiene nombre
.
nosotros decimos
con vida
ellos dijeron
los vamos a cazar a todos
allá
hacia el río
tirale al negro
gritaron
.
a las mujeres nos dicen
que nos tomemos
nuestra propia sangre
indias sucias nos gritan
nosotras
los miramos de frente
con ojos de desafío
cuando callamos
estamos luchando
.
saben y mienten
nosotros
nosotras
cuando gritamos es
para decir verdad

como si el aire lo elevara

Querés que volvamos
por la calle del bulevar.
Hay otros caminos
más directos
para llegar a tu casa
,
pienso y casi te lo digo.
Pero el resplandor del día
me enceguece un poco,
me entibia, y acepto.
Hace unos meses
que mamá murió
y tengo que reinventar
mi vínculo con vos,
con el mundo.
Siento que mi brazo
va hacia el tuyo
como nunca antes,
como si el aire lo elevara.
Así caminamos, al ritmo
pausado de tus años
bajo el cielo y la luz
de este invierno nuevo.

dolor

Me duele la muñeca de la mano
con la que escribo escondida acá
en su torsión para evitar el roce
con el anillado, por escribir al revés,
por zurda.
Me duele el estómago, es un dolor
reconocible, viene conmigo
desde hace tanto, es
una puntada del lado derecho
justo donde debería estar
la vesícula que me extirparon.
Aunque la ecografía muestre solo
sutura, ahí sigue
mi dolor fantasma.
Quizá sea el doblez
de la mano que escribe que tensa
su conexión con el resto del cuerpo
y punza
esas fibras lejanas.
Voy a seguir ese diálogo voy a insistir
la cabeza gacha sobre el cuaderno
la mano encorvada y su tirón
a ver si la corriente logra llegar
a la garganta
y que todo el cuerpo se imante y diga.

5 poemas inéditos

.
cada vez
me deja estupefacta
la normalidad de las cosas,
los gestos reiterados,
su falta de reacción
ante mis deformidades.

ellos prefieren disimular.

como si mis ojos
no fuesen dos lupas
que nunca dejan
de mirarlos.

.
si hubiese
una forma de medir
el peso de los párpados,
la tensión
entre los omóplatos
el índice
de corrimiento de mi cuerpo,
su dolor.

si de verdad
se pudiese medir
como pretenden
en este laboratorio
cada cosa
su densidad y lugar
la distancia exacta entre A y B
llegaría el alivio
de la regla satisfecha.

pero no, ya fuiste
por ese camino
¿no estabas -al fin- advertida?
ese alivio no es
calma real.
el infierno de tus exigencias
es la trampa
que siempre te acecha.

.
un núcleo
rodeado por las capas
de un viscoso plasma.

envuelta en mi membrana
hago el esfuerzo
del aullido
pero nadie parece oírme.

habrá que perforar
la membrana desde adentro,
arriesgarse
a que la punta filosa del deseo
te destruya.

.
cuando todas
las zonas
están entumecidas
solo puedo sobreponerme
para procurarme calor.

busco mantas
por toda la casa,
me hundo en ellas.

no quiero más abrigo
más consuelo
que ese.

.
voy encapsulada
en mí
con las orejas cubiertas
los ojos casi cerrados
adormecida.
llevo tanto peso
que apenas puedo
mantenerme en pie.

me dan un empujón,
el movimiento brusco
me despabila, me toma
por sorpresa,
toda mi estructura tambalea.

la furia aparece
desbocada.
devuelvo el golpe
en automático.
es un golpecito seco,
casi imperceptible,
una reacción del cuerpo
sin pensamiento.

me avergüenzo,
esta no soy yo.
¿no era la que nunca
devuelve agresión?
¿la que absorbe,
esponja infalible?

aunque no cedan
la indignación
ni el dolor.

Presentación de El amor en Blade Runner

Este libro está compuesto por una serie de poemas, cuya primera versión (salvo el texto que hace de epílogo, posterior) escribí de un tirón una noche-madrugada hace unos años, después de (volver a) ver Blade Runner, en su versión original, la del final con Rachael y Deckard escapando entre montañas al sol (hay quien piensa que ese final grandilocuente es cursi, allá ellos). Y después de haber leído esto que dice Suely Rolnik (que alguna vez ya compartí por acá hace un tiempo). Aquí va un fragmento: “…entramos en el cine y en una ciudad del futuro -no tan distante-, descubrimos que más allá de esos dos vectores se delinea toda una experimentación de construcción de otros territorios de deseo. Ridley Scott nos introduce en ese mundo, en su película Blade Runner, a través de Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana. Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventaron otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas.”

Construir otros territorios de deseo. El nombre de este blog nace también de esa idea, la posibilidad, a la que no debemos renunciar nunca, de inventar(nos) nuevas escenas.

Guadalupe Faraj me invitó a leerlos hace dos años en un ciclo hermoso que coordinaba, Bosque Buscas, y allí Bruno Rota, querido amigo y artista visual, los escuchó.

Luego vino su propuesta de diseñar un libro ilustrado, con una técnica increíble. Y empezó a tomar forma un colectivo artístico, Espiral 6. Un espacio de amistad y de amor, desde el cual nos impulsamos con la suavidad de las líneas curvas, la suavidad que quiere Rolnik.

Y hoy se presentan Espiral 6 y El Amor en Blade Runner en Yapeyú, un bello lugar, galería-taller-espacio abierto que tiene mucho también de construcción espiralada. Cercano a mi-nuestra nueva casa, y cercano al Frida, a lo que el futuro ya trae. Así, arremolinado.

el-amor-en-blade-runner

Hoy a las 19 se presenta en Yapeyú
la primera producción de Espiral 6
El Amor en Blade Runner, poemas de Daniela Camozzi
Diseño e ilustración de Bruno Rota
Encuadernación de NATAS cuadernetas
Hablará del libro Martín Sánchez Ocampo

el estiramiento del cuerpo

Mis pies están desnudos.
Quise hacer el movimiento descalza
a pesar del cemento frío del piso, sentir
la superficie completa de las plantas, la yema
de cada uno de los dedos.
Trato de estirarme, me tuerzo de golpe, los pies
se me arquean como las garras de un ave de presa
como la grampa que sujeta las vías.
Debo estar haciendo algo mal.
Cómo es, pregunto, y me responden:
vaya primero desde la espalda y después
estire la cintura, después las caderas
y la parte anterior de las piernas:
la mente tiene que recorrer todo el cuerpo
como una corriente eléctrica.
Así llegará a estirarse y verá
sus palmas apoyadas completamente en el suelo.
Los pies cederán, ya verá. Vaya de a poco.
Vuelvo a intentar. No sé si podré
alguna vez lograrlo.
Imagino a mis pies, felices y anchos,
esperándome ahí abajo, mientras yo
aprendo el estiramiento del cuerpo, el ejercicio
de ir de a poco, la práctica
de la paciencia.

nada de eso

tener el pelo rojo
los ojos
de una geisha manga
sorprendida siempre
la cintura avispa
de una modelo de los cincuenta
no es
ninguna garantía.

si intentan copiarme
la onda, la figura
para alguna producción
elijan a alguien imponente
con rostro acuático
de delfín.

reflejar al menos un poco
mi sirenidad
no exige pose, sino destreza:
hay que saber
cuándo sacar a relucir las piernas
y cuándo mostrar
estas escamas tornasol
acompasadas en mi piel.

para hacer de mí
deberás estar dispuesta
a revelar mi verdad:
me adueñé
del hechizo que me lanzaron
y lo uso a mi antojo.

puedo caminar
kilómetros bajo el sol
con la tierra caliente en las suelas
agitar los muslos
como la chica de flashdance
correr
solo por el placer
de que se me cansen las piernas
sentir en todo el cuerpo su latido
el de ellas, y no
el de ningún corazón.

al llegar a mi casa terrestre
me hundo
en la deliciosa agua salada
que unas tuberías
me traen del mar.

ahí
en el silencio
nocturno de los humanos
refulge mi hermosísima cola.
y mi voz
que ningún embrujo
podrá quitarme,
canta.

si puedo serlo todo, por qué debería elegir. nada de eso.
soy ambas cosas. mujer de piernas. mujer sirena. mujer anfibia.