El verdadero destino . Hilda Fernández sobre Mones Cazón

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Al comenzar el viaje, no sabía dónde quedaba Mones Cazón. Eso afirmaba cuando leí por primera vez esta serie de poemas, y me dejé llevar. Únicamente me guiaba el sonido de una voz, clara, sensible, atenta al detalle, que dice las cosas por primera vez e intenta abarcarlas con un nombre.

Esa es la tarea de la infancia. Una infancia presente en este libro, pero no solo porque evoca literalmente un tiempo real o mítico de la niñez, sino porque la voz poética es una voz de niña. Una niña que juega a escribir. Todo el tiempo escribe, aun antes de saber combinar las letras sobre el papel. Escribe para poder habitar ese mundo y, a la vez, para tomar distancia:

poner en un tronco un pizarrón de aire,

desplegar un puntero de aire

y con una tiza invisible empezar a escribir

¿Qué es la poesía sino eso?

Creo que el juego en la infancia es una forma de escritura, una máquina de creación. Es la posibilidad de generar un tejido de sostén entre las cosas y la propia subjetividad.

El viaje a Mones Cazón

por la ruta cinco

era tan aburrido

todo igual de plano

Y entonces una voz propone: Veo, veo… ¿qué ves? Cosas maravillosas: turquesa, oro, salmón. Siempre figuritas difíciles, esas son las preferidas de Daniela. ¿Por qué conformarse con menos?

Aun cuando la nena dice: no entiendo ese juego, la poeta está comprendiendo qué hay más allá de las cosquillas y las trampas en una calle sin autos al sol de la siesta. Devela la trama secreta de un juego que consiste en romper las reglas y, aunque le resulte inquietante, no puede dejar de mirar a las nenas de la vuelta que se ríen, ni el ir y venir constante de los primos que no saben -o no quieren- quedarse quietos.

Hay un doble juego que atraviesa este libro: entre una niña aferrada a las reglas como tabla de salvación y una poeta que revela las trampas y le deja al lector la tarea de seguir jugando con los sentidos posibles.

Un doble juego entre la Daniela poeta y la Daniela traductora.

Una anda distraída, cantando, jugando con el movimiento de las hojas de una higuera, entrecerrando los ojos; no tanto para hacer foco, sino más bien para que el sol dibuje el paisaje y la encandile el brillo de las cosas.

La otra va queriendo encontrar la palabra justa, va midiendo cada paso en puntas de pie, va mirando con lupa o con microscopio, si es necesario cada miga de pan, cada grano de azúcar sobre una tortita negra. Va construyendo territorios con la materialidad de esos relatos conocidos. Es por eso que a veces se pierde en el bosque encantado o sobrevuela Nunca jamás, ese país donde el único requisito es suspender el tiempo.

Sabe que, por mínimo que sea el gesto, si el aleteo de una mariposa puede gestar tempestades, una gota de jugo de durazno sobre el vestido de flores o el abrojito de un cardo pueden ser solo eso -detalle insignificante-, o dolor infinito. Mientras una abuela se ríe a carcajadas, la nena piensa:

Mi única defensa será

quedarme quieta

muda y en cuclillas,

repitiendo en mi cabeza

que no quiero,

no debo mancharme.

La pequeña Caperucita es arrojada al bosque vestida de rojo. Y ahí aparece el Lobo Feroz en la penumbra de la sala de un cine de pueblo. No puedo distinguir si es una nena o una mujer la que se estremece en la butaca y piensa: Miedo, debí decir que sentía, como si la palabra perdida y encontrada fuera un talismán que protege contra la intemperie de la infancia. Pero, consciente del oficio, enseguida se da cuenta de que eso que traduce es, en realidad, algo nuevo.

Este puede ser un viaje que tiene como destino un pueblo de provincia, con unas coordenadas propias de volver al futuro, donde los personajes viven en un tiempo mítico, en el que cohabitan los sabores de la tierra con los sinsabores de la trampa, el sexo, la política, el amor. Pero yo creo que el verdadero destino es la lengua madre.

Hilda Fernández

.

Gracias, Hilda, por este hermoso texto sobre los poemas de mi libro Mones Cazón, por ser parte de este viaje.

 

Filtrar la luz . Mones Cazón

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……………………………Era la rama con la luz.
……………………………………Arnaldo Calveyra

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Filtrar la luz

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Otra vez un viento

entre las hojas de la parra

Pero ya nada se derrama ni se cae.

Mamá se ríe ahora

sin preocupaciones

sentada en el sillón

de hierro del patio.

Sonríe con mi hermana a upa

mientras se acomoda el pañuelo

que la protege del sol.

Un sol que pega fuerte

en el verano de la tarde

y atraviesa las hojas.

Es una escena que reaparece

en las mejores tardes de verano

cuando estoy al reparo de algún verde

y las hojas se mueven lentamente

y al moverse dejan

filtrar la luz.

….

Este es el último poema de Mones Cazón, libro que publiqué este año por Ediciones del Dock. La foto de este posteo y la de tapa del libro son de Isadora Paolucci.

EL LADRILLO CALIENTE

EL LADRILLO CALIENTE

Tan quietas como las estatuas
del uno dos tres
cigarrillo cuarenta y tres
nos quedamos con mi hermana
muertas de frío.
En la cama grande
que nos ceden las primas
las sábanas están heladas
hasta que llega mamá
con el ladrillo caliente
y los piecitos congelados
se van entibiando.
Hay que arrimársele con cuidado:
la superficie porosa
del ladrillo quema.
Apenas hay que acercar la piel
al envoltorio de lana
al fueguito que la piedra irradia.
Nunca preguntábamos
de dónde eran
esos bloques radiantes
y si solo a la noche
se encendían.
Bastaba con que mamá
los trajera y después
quedarnos de a poquito
dormidas con esa tibieza
mientras ella se volvía
al cuchicheo lejano
de los adultos.

me siento al sol

Me siento al sol

detrás del puesto de la feria

con uno de los libros

que recién compramos:

Katherine Mansfield,

Felicidad y Preludio,

año cuarenta y cinco.

¿Qué se hace con el cuerpo

cuando una es

absolutamente feliz

y cada partícula brilla

en un chisporroteo

apenas aguantable?,

Berta se pregunta

en el primer cuento.

¿Qué se hace?

Ella se estira,

se ríe

y sube corriendo

las escaleras de la casa.

Yo me aparto

para mirarlo todo:

la gente en sus cosas

tu perfil

difuminado por la luz del sol.

Desde aquí

mi cuerpo

a su manera

también se arquea,

se vuelve

incandescente.

el amor en blade runner . dos poemas

el amor es una carísima serpiente
Zhora

me entrenaron para matar limpiamente
y aquí me ven, en un decadente cabaret
haciendo el número principal
recubierta de escamas brillantes
mientras me penetra la serpiente artificial
más cara de Los Ángeles

yo estoy acá, humillándome
ante estos lamentables seres
mientras Leon soporta los interrogatorios
y aniquila a su carcelero
para que no nos destruyan a todos
para ganar tiempo y encontrar
la manera de llegar al Padre

cómo puede ser posible esta locura,
nuestra vida vencida
por norma de fábrica

otro diseño merecía
la mejor maquinaria jamás inventada
la más parecida a su creador

yo sigo acá
con estos monstruos
hasta que llegue la señal para salir
y preparar mi capa transparente

quiero que se vea mi cuerpo traspasado
el óleo que le aplico a mi piel
pero que nada humano lo manche

 

el amor iracundo
Leon

Deckard la acribilló, ella murió
con los ojos abiertos
envuelta en una majestuosa capa de hule
como si supiera que todo iba a quedar
salpicado de su propio fluido

era la más poderosa de nosotros
podía soportarlo todo
acabarte sin otra arma
que la fuerza despiadada de su cuerpo

solo jugando sucio, por la espalda
tuvo el cazador chance de matarla

Zhora, si mi corta vida no alcanza para vengarte
si triunfan en su plan de erradicarnos
espantados por la imagen que les devolvemos
somos ustedes pero más fuertes y bellos
que al menos quede aquí el testimonio de mi ira
y del amor que en esta guerra
en este mundo
sentí por vos

 

*

Leí estos poemas y otros de la serie El amor en Blade Runner el viernes pasado aquí

*

7-zhora

nadie dice nada yo digo qué pasa

yo no sé qué pasa después de la muerte
busco investigo y aparece información
de santos y plegarias y mensajes del más allá
pero no digo eso yo digo
qué pasa en el mundo con lo que ella fue
con este silencio incrustado en mi cuerpo
creía poder ubicarlo exactamente
en un punto de mi costado izquierdo
pero ahora se irradia yo creí que estaba
debajo de la axila izquierda
no quiero decir corazón
sería al costado del ombligo
no, está por encima levemente por encima
parece que late y sube
una contractura del cuello y de la cara
y no por cuidarla ni por dormir a los pies
de su cama nadie dice nada yo digo
qué pasa después en el silencio
con la contractura del cuerpo
aferrado a la baranda
un cuerpo en medio del maremoto

podés bailar

podés bailar

 

anita canta youcandance

en la vereda con su vestido

floreado ella ya dice

muchas cosas lleva

dos muñecas y salta sin

pedir ayuda el escalón

gigante que

a su madre y a mí

nos aterra

 

sin anita acá tan

intrépida tendríamos que

ir juntas a saludar

a escuchar entre el perfume

de los ramos de ayer

las invocaciones a maría:

rezamos por tu alma

por ti

que dios y la virgen

te tengan

 

anita nos permite ir

de a una fugazmente mientras

la otra se queda con ella

la rodea

de un escudo protector

 

voy primero lo saludo

de lejos apenas con

la cabeza sin entrar

a su cubículo

de puertas abiertas

pero lleno de un aire que

no puedo traspasar

 

vos también podés bailar

ahora

le susurro de lejos

youcandance now

ahora que ya

no duele

.

daniel oblitas

(1983-2011)

in memoriam