dolor

Me duele la muñeca de la mano
con la que escribo
escondida acá, en su torsión
para evitar
el roce con el anillado
por escribir al revés, por zurda.
Me duele el estómago, es un dolor
reconocible, viene conmigo
desde hace tanto, una puntada
del lado derecho, justo donde debería
estar la vesícula que me extirparon.
Aunque la ecografía muestre solo
sutura, ahí sigue mi dolor fantasma.
Quizá sea el doblez
de la mano que escribe que tensa
su conexión con el resto del cuerpo
y punza
esas fibras lejanas.
Voy a seguir ese diálogo voy a insistir
la cabeza gacha sobre el cuaderno
la mano encorvada y su tirón
a ver si la corriente logra llegar
a la garganta
y que todo el cuerpo se imante y diga.

5 poemas inéditos

.
cada vez
me deja estupefacta
la normalidad de las cosas,
los gestos reiterados,
su falta de reacción
ante mis deformidades.

ellos prefieren disimular.

como si mis ojos
no fuesen dos lupas
que nunca dejan
de mirarlos.

.
si hubiese
una forma de medir
el peso de los párpados,
la tensión
entre los omóplatos
el índice
de corrimiento de mi cuerpo,
su dolor.

si de verdad
se pudiese medir
como pretenden
en este laboratorio
cada cosa
su densidad y lugar
la distancia exacta entre A y B
llegaría el alivio
de la regla satisfecha.

pero no, ya fuiste
por ese camino
¿no estabas -al fin- advertida?
ese alivio no es
calma real.
el infierno de tus exigencias
es la trampa
que siempre te acecha.

.
un núcleo
rodeado por las capas
de un viscoso plasma.

envuelta en mi membrana
hago el esfuerzo
del aullido
pero nadie parece oírme.

habrá que perforar
la membrana desde adentro,
arriesgarse
a que la punta filosa del deseo
te destruya.

.
cuando todas
las zonas
están entumecidas
solo puedo sobreponerme
para procurarme calor.

busco mantas
por toda la casa,
me hundo en ellas.

no quiero más abrigo
más consuelo
que ese.

.
voy encapsulada
en mí
con las orejas cubiertas
los ojos casi cerrados
adormecida.
llevo tanto peso
que apenas puedo
mantenerme en pie.

me dan un empujón,
el movimiento brusco
me despabila, me toma
por sorpresa,
toda mi estructura tambalea.

la furia aparece
desbocada.
devuelvo el golpe
en automático.
es un golpecito seco,
casi imperceptible,
una reacción del cuerpo
sin pensamiento.

me avergüenzo,
esta no soy yo.
¿no era la que nunca
devuelve agresión?
¿la que absorbe,
esponja infalible?

aunque no cedan
la indignación
ni el dolor.

si no soy capaz de traducir o de metaforizar . julia kristeva

sol-de-noche-foto-de-isa

«… la traducción -nuestro destino de ser hablante- detiene su marcha vertiginosa hacia los metalenguajes o las lenguas extranjeras, que son otros tantos sistemas de signos alejados del lugar del dolor. Trata de volverse ajena a sí misma para encontrar, en la lengua materna, una “palabra total, nueva, ajena a la lengua” (Mallarmé), con el objeto de captar lo innombrable. El excedente de afecto, pues, no tiene otro medio para manifestarse que producir nuevos lenguajes, encadenamientos extraños, idiolectos, poéticas. Hasta que el peso de la Cosa originaria prevalece y toda traducibilidad se vuelve imposible. La melancolía culmina entonces en la asimbolia, la pérdida de sentido: si no soy capaz de traducir o de metaforizar, me callo y muero.»

Julia Kristeva

De su obra Sol negro, Depresión y melancolía

.

La fotografía, Sol de noche, es de Isadora Paolucci

Presentación de El amor en Blade Runner

Este libro está compuesto por una serie de poemas, cuya primera versión (salvo el texto que hace de epílogo, posterior) escribí de un tirón una noche-madrugada hace unos años, después de (volver a) ver Blade Runner, en su versión original, la del final con Rachael y Deckard escapando entre montañas al sol (hay quien piensa que ese final grandilocuente es cursi, allá ellos). Y después de haber leído esto que dice Suely Rolnik (que alguna vez ya compartí por acá hace un tiempo). Aquí va un fragmento: “…entramos en el cine y en una ciudad del futuro -no tan distante-, descubrimos que más allá de esos dos vectores se delinea toda una experimentación de construcción de otros territorios de deseo. Ridley Scott nos introduce en ese mundo, en su película Blade Runner, a través de Deckard, primer hombre casi replicante y Rachael, última replicante casi humana. Nos quedamos con la esperanza -tal vez ingenua- de que inventaron otra especie de amor. Nos quedamos soñando con la posibilidad de otras escenas.”

Construir otros territorios de deseo. El nombre de este blog nace también de esa idea, la posibilidad, a la que no debemos renunciar nunca, de inventar(nos) nuevas escenas.

Guadalupe Faraj me invitó a leerlos hace dos años en un ciclo hermoso que coordinaba, Bosque Buscas, y allí Bruno Rota, querido amigo y artista visual, los escuchó.

Luego vino su propuesta de diseñar un libro ilustrado, con una técnica increíble. Y empezó a tomar forma un colectivo artístico, Espiral 6. Un espacio de amistad y de amor, desde el cual nos impulsamos con la suavidad de las líneas curvas, la suavidad que quiere Rolnik.

Y hoy se presentan Espiral 6 y El Amor en Blade Runner en Yapeyú, un bello lugar, galería-taller-espacio abierto que tiene mucho también de construcción espiralada. Cercano a mi-nuestra nueva casa, y cercano al Frida, a lo que el futuro ya trae. Así, arremolinado.

el-amor-en-blade-runner

Hoy a las 19 se presenta en Yapeyú
la primera producción de Espiral 6
El Amor en Blade Runner, poemas de Daniela Camozzi
Diseño e ilustración de Bruno Rota
Encuadernación de NATAS cuadernetas
Hablará del libro Martín Sánchez Ocampo

Valeria Cervero . Sin órbitas . una parte de este mundo protege su pausa

una parte de este mundo protege su pausa
una pausa indefinida, sin brillo
sin grandes promesas de amansadores

¿querés partir?
¿querés quitar los anzuelos?
¿querés devolver el golpe?

cada espera es la nota de muchos
en el silencio
la casa de años, su seña
tardes de tilos en otra infancia

una parte de este mundo protege su pausa
mientras la sombra miente
márgenes sin viento

¿querés llegar?
¿querés retornar descalza?
¿querés más acá nombrarlo?

sin repetirnos volvemos a sernos
tal vez abajo

los restos de un cuerpo, la nada de un cuerpo
en la marea
que despedaza y contiene a la vez

.

Del último libro de Valeria Cervero, Sin órbitas, publicado recientemente por la editorial El Ojo de Mármol